Preguntas frecuentes

¿Qué es la radiación ultravioleta?

La mayoría de las fuentes de luz (incluido el Sol) emiten diversos tipos de luz, es decir, radiación de distintas longitudes de onda. La mayoría de los humanos podemos ver la luz en el rango de longitudes de onda que va desde los 400 nm (correspondiente al color violeta) hasta los 700 nm (correspondiente al color rojo). La radiación ultravioleta (UV) corresponde a luz no visible cuya longitud de onda está entre los 100 nm y los 400 nm. El nombre hace referencia a que las frecuencias de estas radiaciones son mayores (o “ultra”) a las del color violeta. Dentro del rango UV se distinguen 3 franjas espectrales: UVC 100-280 nm, UVB 280-315 nm, UVA 315-400 nm. La UV emitida por el Sol puede tener efectos nocivos para la biósfera (y para la salud humana). Afortunadamente, el Ozono estratosférico absorbe totalmente la radiación UVC (la más peligrosa) y reduce significativamente la intensidad de la radiación UVB y UVA, haciendo posible la vida en la superficie del planeta.

¿Qué es la radiación directa y la radiación difusa?

Los gases en la atmósfera atenúan la radiación solar mediante dos procesos: absorción y dispersión. Algunas moléculas absorben radiación (como por ejemplo el Ozono que absorbe parcialmente la radiación UV). Otras moléculas atmosféricas dispersan la radiación. Parte de la radiación es dispersada de vuelta hacia el espacio (ésta se conoce como radiación retrodispersada) mientras que otra parte logra llegar a la superficie después de experimentar múltiples y sucesivas dispersiones. La radiación dispersada que alcanza la superficie se conoce como radiación difusa. La “radiación global” es la suma de la radiación difusa y de la radiación directa que alcanza la superficie (ver figura adjunta). La atmósfera terrestre dispersa preferentemente las longitudes de onda más cortas (como las correspondientes al color azul y a la radiación UV). Esto explica por qué la atmósfera se ve azul desde la superficie y desde el espacio. Debido a la dispersión preferente de longitudes de onda relativamente cortas, la mayoría de la radiación UVB que alcanza la superficie es difusa.

¿Por qué es peligrosa la radiación UV?

Dosis altas de radiación UV producen efectos dañinos en la biósfera y también en la salud humana siendo el cáncer de piel uno de los más severos. La dosis de radiación es directamente proporcional a la intensidad y al tiempo de exposición. La exposición a altas dosis de radiación UV produce en la piel de los mamíferos respuestas biológicas y alteraciones, como daño en el ADN, quemaduras de las células, y fotoenvejecimiento. En humanos en particular, dosis altas de radiación UV producen daños oculares y aumentan el riesgo de padecer cataratas. Los efectos más dañinos están asociados a las longitudes de onda más cortas. Es decir, la UVB es más peligrosa que la UVA. Los peligros asociados a la radiación solar UV hacen necesario su monitorización continua. Los instrumentos para medir UV (como los de la fotografía) se denominan radiómetros. En España, la Agencia Estatal de Metereología (www.aemet.es) cuenta con una red de radiómetros distribuidos por todo el país.

¿Qué es el índice UV?

Es una medida adimensional de la intensidad de la radiación global UV que alcanza una superficie horizontal. Su cálculo requiere inicialmente medir el espectro (es decir, la intensidad de la radiación solar a distintas longitudes de onda), y luego sumar esos resultados asignándoles un peso relativo distinto. Por convención, se asigna mayor peso a las longitudes de onda que tienen efectos más nocivos (como la UVB) y menor peso a las longitudes de onda que son menos peligrosas (como la UVA). Debido a que los efectos dañinos de la UV dependen de la dosis recibida, la exposición a altas intensidades solares (es decir, la exposición cuando el Indice UV es alto) produce efectos dañinos con menos tiempo de exposición. Aunque el Indice UV varía durante el día, el valor máximo diario (alcanzado generalmente al mediodía) se considera un indicador de riesgo. La Organización Mundial de la Salud considera que la exposición prolongada al Sol, en días en que el Indice UV supera el valor 11, representa un riesgo extremo para la salud humana.

¿Qué Factores determinan el Indice UV?

Aunque el Sol emite radiación cuasi-constante, el Indice UV en la superficie varía con la abundancia de Ozono, con la elevación del Sol, con la carga de aerosoles, con la nubosidad, con la reflectividad de la superficie (es decir, con el albedo), y con la altitud.

Elevación del Sol: La elevación solar es el ángulo entre el horizonte y la dirección del Sol. Cuando se tienen elevaciones altas (al medio día) la radiación UV que llega a la superficie es más intensa debido a que los rayos solares atraviesan un camino más corto a través de la atmósfera (pasando por una menor cantidad de absorbentes y dispersores). En la mañana o en la tarde, se tienen elevaciones solares menores, caminos más largos para los rayos solares a través de la atmósfera, y por tanto la radiación que llega a la superficie es menos intensa. La elevación solar cambia durante el día, pero también durante el año. La elevación del Sol es mayor al medio día en verano que al medio día en invierno. Eso explica por qué los Indices UV en verano son mayores que aquellos a la misma hora en invierno. La diferencia entre las elevaciones solares también explica por qué en latitudes semitropicales (Ecuador) la radiación solar al medio día es más intensa que en latitudes medias (España) o que en latitudes altas (la Antártica).

Polución y nubosidad: La presencia de gases y partículas en la atmósfera también afecta al Indice UV. Los aerosoles (contaminantes o polvo) atenúan la radiación solar en porcentajes que alcanzan el 20% en ciudades con gran carga de contaminantes. En general la nubosidad atenúa la radiación solar y aumenta su variabilidad.

Albedo: Las superficies de alta reflectividad (abundantes en nieve por ejemplo) pueden provocar aumentos significativos en el Indice UV. El albedo depende de las características de la superficie, las que a su vez pueden cambiar con la temperatura (por ejemplo, el albedo disminuye a medida que la nieve se derrite). Dispersiones subsecuentes de la radiación reflejada por una superficie de alto albedo aumentan significativamente el Indice UV.

Altitud: El Indice UV también depende de la altitud. Cuando inciden en locaciones a gran altitud, los rayos solares recorren un camino más corto a través de la atmósfera (pasando por una menor cantidad de absorbentes y dispersores). En términos generales la intensidad de la radiación UV aumenta con la altitud entre un 5% y un 10% por km.

¿Qué personas son más vulnerables al daño solar?

Todas las personas debemos protegernos del sol para evitar los riesgos de las radiaciones UV en nuestra salud. En cualquier caso, algunos individuos son más vulnerables al daño solar y deben extremar las precauciones frente al sol:

  • Trabajadores de exterior: Los trabajadores de exterior están sometidos a una gran carga de irradiación solar diaria, lo que les lleva a padecer más frecuentemente que los trabajadores de interior, enfermedades de la piel y de los ojos como consecuencia del daño actínico crónico. Los trabajadores deben conocer los peligros del sol y poner especial cuidado en la protección de su piel y de sus ojos. Las empresas deben por su parte, facilitar equipos de protección y un entorno laboral seguro frente a las radiaciones UV.
  • Deportistas de exterior: Los deportistas realizan a menudo sus prácticas deportivas a la intemperie, en épocas del año y en horas del día donde los niveles de irradiación solar son muy elevados. La sudoración excesiva inherente a la práctica deportiva dificulta el uso y la eficacia de los fotoprotectores. Por otro lado, estrés oxidativo que acompaña a los entrenamientos intensos, agota los sistemas de defensa naturales del organismo frente a las radiaciones UV. Los deportistas de exterior tienen por ello un mayor riesgo de sufrir lesiones actínicas agudas y crónicas en la piel y en sus ojos, si no extreman las medidas de protección solar.
  • Turistas de sol y playa: Los turistas de sol y playa suelen exponerse de forma aguda a dosis excesivas de radiación UV, durante las vacaciones de verano. Esta situación entraña un riesgo especialmente elevado de experimentar quemaduras solares, y a largo plazo de padecer cáncer de piel. Las quemaduras solares aumentan el riesgo de todos los tipos de cáncer de piel: melanoma, carcinoma basocelular y carcinoma espinocelular. El máximo riesgo de daño solar lo tienen las personas que viajan a países tropicales y subtropicales, donde el nivel de irradiación solar es más elevado que en el país de origen. 
  • Edad infantil:  La piel de los infantes delicada e inmadura, se defiende peor de las radiaciones UV que los adultos por los que son más propensos a sufrir quemaduras solares. Las quemaduras solares en esta etapa de la vida tienen un gran impacto en la salud, pues son el principal factor de riesgo de cáncer de piel en edades posteriores. Por otro lado, los ojos de los infantes son también más sensibles al daño solar debido a la transparencia de la córnea y el cristalino. 
  • La adolescencia: Los adolescentes pasan buena parte de su tiempo al aire libre en actividades deportivas y de ocio. La escasa percepción del riesgo propia de la edad, la pérdida del control parental y el deseo de broncearse para ser aceptados socialmente, son factores de vulnerabilidad que ocasionan frecuentes episodios de quemaduras solares en esta etapa de la vida y el consiguiente riesgo incrementado de cáncer de piel en el futuro.
  • Edad senil: Los ancianos son más vulnerables a los cambios de temperatura, por lo que son más propensos a presentar golpes de calor. Además, consumen a menudo medicamentos que les pueden ocasionar problemas de fotosensibilidad. La piel se encuentra lesionada por el daño solar acumulado a lo largo de la vida, y la presencia de lesiones precancerosas y de cáncer de piel es frecuente. Si han sido intervenidos de catarata, sus ojos se mostrarán especialmente sensibles e intolerantes a la luz solar.
  • Fototipos I y II: Las personas con piel clara, ojos claros y escasa habilidad de broncearse tienen mayor riesgo de experimentar daño solar en la piel y en los ojos. Al tener menor cantidad de melanina o una melanina de menor calidad, su piel y sus ojos filtran peor las radiaciones UV por lo que el efecto biológico es mayor. 
  • Piel con lunares, daño solar o cáncer de piel: Las personas que tienen lunares tienen que cuidarse más del sol y evitar el uso de cabinas de bronceado, por el riesgo de transformación maligna de los lunares con las radiaciones UV. Los que tienen pieles dañadas por el sol y aquellos que ya han presentado un cáncer de piel deben extremar su protección frente a las radiaciones UV porque tienen un riesgo elevado de recurrencia. 
  • Embarazo y hormonas: Las mujeres embarazadas como también las que están bajo tratamiento hormonal tienen mayor riesgo de experimentar pigmentaciones de la piel así como reacciones alérgicas solares.
  • Toma de medicamentos: Más de 300 medicamentos de uso oral o tópico pueden desencadenar reacciones fototóxicas o fotoalérgicas con aparición de erupciones cutáneas tras la exposición solar (antihipertensivos, antibióticos, antinflamatorios, antidiabéticos orales, antihistamínicos…). Las personas que toman estos medicamentos deben extremar las precauciones frente al sol.
  • Estados de inmunosupresión: Los que se encuentran en una situación de inmunosupresión, como los que han sufrido un trasplante de órgano y están en tratamiento inmunosupresor o los que están en tratamiento oncológicos, se defienden peor de las radiaciones UV ya que secundariamente presentan fallos en los mecanismos de reparación del daño celular ocasionado por aquéllas.
  • Enfermedades genéticas: Algunos desórdenes genéticos ocasionan una mayor vulnerabilidad de la piel y los ojos a los efectos de las radiaciones UV que se manifiesta desde la infancia precoz. Son ejemplo de ello, el albinismo en el que la alteración genética determina un déficit en la producción de melanina y por tanto de la protección frente a las radiaciones UV. O el xeroderma pigmentoso, una enfermedad rara en la que se produce un fallo en los sistemas de reparación del ADN celular causado por las radiaciones UV. Estas personas suelen presentar signos importantes de daño solar en la piel y en los ojos desde la infancia.
  • Enfermedades autoinmunes: Algunas personas tienen enfermedades inmunológicas (lupus eritematoso, dermatomiositis…) que acarrean entre otros, problemas de fotosensibilidad patológica. Ello les lleva a experimentar erupciones en la piel y síntomas oculares cuando se exponen al sol. Estos enfermos además de protección frente a las radiaciones UV, requieren medicación específica y seguimiento por el especialista.
  • Enfermedades metabólicas: Algunos trastornos metabólicos poco comunes (porfiria, pelagra…), ocasionan una hipersensibilidad lumínica con aparición de dermatitis de repetición con la llegada de los primeros rayos de sol y un deterioro progresivo de las zonas de piel más expuestas. Estos enfermos además de protección frente a las radiaciones UV, requieren medicación específica y seguimiento por el especialista.
¿Qué es la vitamina D?

La radiación UV del sol es la mejor fuente natural de vitamina D. La vitamina D es una hormona que controla los niveles de calcio en la sangre. Es necesario para tener huesos fuertes, músculos y salud en general. Puede obtener una pequeña cantidad de vitamina D de los alimentos (aproximadamente 5–10%). El pescado y los huevos tienen naturalmente algo de vitamina D, mientras que la margarina y algunos tipos de leche tienen vitamina D. Una exposición solar controlada y regular es la mejor manera de mantener a punto nuestros niveles de vitamina D en sangre.

¿Cuánto sol es suficiente?

Los niveles de vitamina D cambian naturalmente con las estaciones. En verano, la mayoría de las personas producen suficiente vitamina D porque los niveles de UV son altos y pasamos más tiempo al aire libre. En esta época del año en nuestras latitudes, solo se necesitan unos minutos de exposición solar a mediodía para los niveles de vitamina D.

Sin embargo, la cantidad de vitamina D sintetizada por nuestra piel depende de la cantidad de irradiación solar recibida y por tanto de factores como la latitud, la altitud, la hora del día, la época del año, la superficie de piel expuesta, además de factores individuales como la edad, el estado de salud, o el fototipo cutáneo.

Mantener en orden los niveles de vitamina D es importante para nuestra salud, como también prevenir las complicaciones de una exposición descontrolada a las radiaciones UV, por lo que se recomienda aplicar las recomendaciones específicas para garantizar un equilibrio entre fotoexposición y fotoprotección.

¿Qué es el déficit de vitamina D?

La deficiencia de vitamina D no siempre tiene síntomas obvios, pero sin tratamiento puede haber efectos significativos para la salud. Estos pueden incluir dolor óseo y muscular, raquitismo en niños y osteomalacia en adultos.  Además, as personas con bajos niveles de vitamina D tienen mayor probabilidad de desarrollar otras enfermedades neurológicas, cardiovasculares, infecciosas, autoinmunes y diversas formas de cáncer.

Algunas personas tienen un mayor riesgo de deficiencia de vitamina D, que incluyen:

  • Personas con piel naturalmente muy oscura. Esto se debe a que el pigmento (melanina) en la piel oscura no absorbe tanta radiación UV.
  • Las personas que evitan el sol debido a cánceres de piel previos, supresión inmune o piel sensible y aquellas que tienen una exposición limitada al sol, como los trabajadores nocturnos.
  • Personas que por motivos culturales o religiosos usan ropa de cobertura.
  • Las personas que pasan mucho tiempo en el interior, como las que están confinadas o institucionalizadas.
  • Las personas obesas o con enfermedades que afectan el metabolismo de la vitamina D, como enfermedad hepática o renal terminal, así como síndromes de malabsorción de grasa, tales como la fibrosis quística, la enfermedad celíaca, o la enfermedad inflamatoria intestinal.
  • Bebés amamantados de madres con deficiencia de vitamina D (la leche de fórmula está fortificada con vitamina D).

Las personas que pueden estar en riesgo de deficiencia de vitamina D deben consultar a su médico para obtener asesoramiento.

¿Qué tipos de fotoprotectores existen?

Los fotoprotectores son sustancias que absorben, reflejan o dispersan la radiación ultravioleta, evitando así que esta penetre en la piel. Según su composición, los fotoprotectores tópicos se clasifican a su vez en químicos (u orgánicos), físicos (o inorgánicos) y biológicos.

  • Los fotoprotectores químicos (orgánicos) son sustancias que penetran en la piel y allí absorben la radiación ultravioleta, inactivándola, evitando así el daño cutáneo. Son incoloros y los más aceptados por su buena cosmética, pero tienen mayor riesgo de causar intolerancia cutánea.
  • Los fotoprotectores físicos (inorgánicos) son polvos inertes de origen mineral que actúan como barreras físicas, reflejando y dispersando las radiaciones. Son los fotoprotectores más seguros y eficaces. Su principal desventaja es su mala cosmética, dando a la piel un aspecto blanquecino y ensuciando la ropa. En la actualidad, se emplean micronizados o combinados con pigmentos absorbentes, lo que les da un aspecto más transparente.
  • Los fotoprotectores biológicos (inmunoprotectores) son compuestos antioxidantes. Actúan barriendo los radicales libres producidos como consecuencia del estrés fotoxidativo. Su incorporación a los fotoprotectores aumenta su eficacia y seguridad. Otra ventaja añadida es que son sustancias naturales y que su mecanismo fotoprotector no interfiere con la vitamina D.

En la actualidad, la mayor parte de los fotoprotectores comercializados incluyen mezclas de fotoprotectores físicos, químicos y biológicos, para proporcionar una mayor seguridad y eficacia en el producto.

¿Qué es el factor de protección solar?

El método más extendido para medir la eficacia de un fotoprotector es el Factor de Protección Solar (FPS).

El Factor de Protección Solar se calcula como el cociente entre la dosis mínima de radiación UV que provoca enrojecimiento de la piel cubierta con fotoprotector (2mg/cm² de producto) y la dosis mínima de radiación UV que provoca enrojecimiento de la piel en la piel no protegida.  Cuanto más alto es el FPS, más alta es la protección de los rayos solares, y menor el riesgo se sufrir quemaduras solares.

El FPS nos da una idea el tiempo que podemos exponernos al sol sin riesgo de quemaduras. Aplicándolo a la práctica, si la piel puede estar expuesta al sol durante 10 minutos sin enrojecerse, un FPS 15 protegería durante aproximadamente 2 horas y media, es decir, 15 minutos x 10= 150 minutos; con un FPS 30 estaríamos protegidos 5 horas (es decir, 30 minutos x 10), y con un FPS 50, 8 horas (50 x10).

La clasificación de los fotoprotectores según el FPS en la Unión Europea se realiza mediante el método COLIPA que se basa en test biológicos realizados en laboratorio, con voluntarios humanos. Este método va a determinar cómo deben etiquetarse los fotoprotectores según el FPS del siguiente modo:

  • Categoría Baja: FPS 6-8-10
  • Categoría Media: FPS 15-20-25
  • Categoría Alta: FPS 30-50
  • Categoría Muy Alta: FPS 50+
¿Cómo elegir el fotoprotector adecuado?

Son muchas las consideraciones que hay que tener en cuenta a la hora de seleccionar el fotoprotector, si bien podemos guiarnos por los siguientes consejos:

  • Elige cremas solares de amplio espectro. De esta forma se protege la piel del daño solar de la forma más completa. Los protectores solares con esta etiqueta brindan protección tanto contra rayos ultravioleta tipo A (UVA) como los del tipo B (UVB). No obstante, los de última generación comienzan a presentar capacidad para bloquear radiación infrarroja, la luz visible e incluso la luz azul (la que emiten también los dispositivos electrónicos), para así ofrecer una mayor protección.
  • Apuesta por productos de protección alta o muy alta. Con un FPS 30+ consigues filtrar el 97% de la radiación ultravioleta B recibida. Las personas con fotosensibilidad o patologías inducidas por el sol deben emplear filtros FPS 50+.
  • Es aconsejable emplear fotoprotectores resistentes al agua y al sudor. Para asegurar la máxima permanencia posible en la piel a pesar de las actividades que realicemos. Así, los productos etiquetados como “resistentes al agua” (water resistant) mantienen su FPS tras 40 minutos en el agua, mientras que el “muy resistente” (waterproof) pueden mantenerlo hasta 80 minutos.
  • Escoge el tipo presentación del producto solar más adecuado a tu piel. En general, los excipientes más líquidos, como las lociones o aerosoles, presentan una más fácil aplicación, pero menos permanencia y cobertura en la piel. Por el contrario, las cremas resultan más untosas y en ocasiones incómodas de aplicar, pero ofrecen mayor permanencia en la piel y resistencia al agua y sudor. De forma específica, para pieles grasas o zonas pilosas suele preferirse excipientes más ligeros como el gel-crema, los sprays o fluidos. Por el contrario, en pieles secas el excipiente que mejor se adapta es la crema.
  • Opta por filtros inorgánicos para los niños y piel intolerante. En personas con intolerancias o en niños, especialmente en menores de 3 años, es aconsejable emplear filtros inorgánicos (físicos), que no se absorben, para evitar reacciones cutáneas alérgicas.
¿Cómo usar correctamente el fotoprotector?

Para conseguir una mayor cobertura y efectividad con el uso del fotoprotector, es recomendable seguir unas sencillas normas:

  • Aplícalo antes de salir de casa: Se recomienda aplicar el fotoprotector 15-30 minutos antes de la exposición solar, para asegurarse la completa absorción del mismo.
  • Emplea una cantidad generosa: Antes de aplicar el fotoprotector es recomendable agitarlo, y emplear una cantidad adecuada. La dosis de fotoprotector recomendada es de 2mg por cm² de superficie corporal, lo que equivale en el adulto de talla media a la medida de una palma completa de la mano (equivalente a 6 cucharadas de café) y a media palma para un niño promedio. Si se emplea una cantidad menor de fotoprotector, el factor de protección solar que proporciona la crema solar será mucho menor de lo que aparece recogido en el envase.
  • Extiéndelo de manera uniforme: Es importante realizar una aplicación homogénea por todas las superficies expuestas y extremar las precauciones en las zonas del cuerpo más sensibles. Los pies y las orejas suelen ser los grandes olvidados. Los labios pueden protegerse mediante el uso de bálsamos labiales fotoprotectores.
  • Reaplícalo con frecuencia: Se recomienda reaplicar el fotoprotector cada 2 horas en exposiciones prolongadas ya que, aún empleándolo en las cantidades recomendadas, éste pierde eficacia al absorber la radiación, y el sudor y el roce arrastran parte del producto. Asimismo, se recomienda aplicarlo de nuevo tras el baño, ejercicio, o sudoración intensa, ya que las gotas de agua o sudor pueden disminuir las propiedades de los fotoprotectores.
¿Qué son los fotoprotectores orales?

Si queremos obtener una protección más completa, es importante actuar también desde el interior, facilitando al organismo un aporte suficiente en sustancias antioxidantes para ayudar a prevenir o reparar el daño oxidativo ocasionado por la exposición a las RUV.

La ventaja que aporta la fotoprotección oral es doble:

  • Previenen el daño oxidativo ocasionado por los radicales libres generados por las RUV.
  • Ayudan a cubrir las deficiencias de la fotoprotección tópica.

Los productos farmacéuticos que se emplean como fotoprotectores orales contienen básicamente dos tipos de sustancias:

  • Sustancias antioxidantes, capaces de neutralizar y eliminar los radicales libres de oxígeno generados después de una exposición solar excesiva. Los principales antioxidantes son compuestos como la vitamina C, vitamina E, vitamina A, catequinas del té verde o el Polypodium leucotomos (fernblock).

 

  • Carotenoides, son los pigmentos que dan el color naranja, amarillo y rojo a frutas y verduras. Favorecen el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, tienen propiedades antioxidantes y favorecen la pigmentación de la piel. Los principales carotenoides son el β-Caroteno, los licopenos, la luteína y la zeaxantina.

 

Este tipo de fotoprotección oral puede ser de gran ayuda en grupos de población con especial riesgo, como pueden ser las personas con pieles sensibles al sol, aquellas que presentan facilidad para desarrollar manchas, piel con rosácea, vitíligo o personas que están tomando algún tipo de medicación fotosensibilizante. No obstante, conviene recalcar que la fotoprotección oral nunca sustituye a los fotoprotectores de aplicación tópica, sino que los complementa, alcanzándose, así, una protección solar más profunda e integral.

No obstante, la fotoprotección oral nunca sustituye a los fotoprotectores de aplicación tópica, sino que los complementa, alcanzándose, así, una protección solar más profunda e integral.

¿Qué alimentos pueden ayudar a prevenir el daño solar?

Una dieta sana y equilibrada, que proporcione los elementos antioxidantes apropiados en cantidad y variedad suficiente para amortiguar los efectos fotoxidativos ocasionados por las RUV, es un aliado perfecto para una fotoprotección eficaz. La dieta mediterránea es un paradigma de alimentación fotosaludable.

Algunos de los nutrientes que podemos encontrar en los alimentos con función antioxidante y fotoprotectora son los siguientes:

Vitamina E: Una de las consecuencias que las RUV tienen sobre nuestro organismo es la disminución de la vitamina E pero a través de fuentes naturales de alimentación, como son el aceite vegetal y de girasol, frutos secos y productos lácteos, podemos aumentar su cantidad en nuestro organismo. Estudios científicos han demostrado que la vitamina E tiene entre sus propiedades puede inactivar los radicales libres, de modo que aplicada sobre la piel o tras su ingesta podemos reducir el daño solar, disminuir el fotoenvejecimiento, mejorar la apariencia y textura de la piel y disminuir arrugas y líneas de expresión.

Vitamina C: Esta vitamina contiene un potente efecto antioxidante que evita que se produzca una acumulación de radicales libres. Otro de sus beneficios es que interviene en la formación de colágeno, lo cual nos ayudará a fotoprotegernos dado que la exposición a las RUV reduce la producción de esta proteína por lo que minimiza su propiedad de proteger a la piel de las agresiones externas gracias a la elastina y la firmeza que le proporciona a la piel. A través de la ingesta de alimentos ricos en Vitamina C como las frutas (en especial las frutas cítricas) y verduras (además de la coliflor se ha de destacar a las verduras de hojas verdes en este propósito) conseguiremos ayudar a nuestra piel a recuperar su efecto protector frente a las radiaciones ultravioletas, reactivar los mecanismos antioxidantes, equilibrar la respuesta inflamatoria de nuestro organismo y su actividad apoptótica.

Betacarotenos: Se tratan de nutrientes precursores de la Vitamina A que ayudan a proteger a nuestra piel de las RUV y mantenerla sana dado que absorben gran parte de las radiaciones ultravioletas gracias al aporte de caroteniodes que hacen a nuestro sistema, evitando la formación de radicales libres. Podemos obtener este nutriente de verduras y hortalizas como los pimientos, calabazas o zanahorias y de frutas como el albaricoque, melocotón o papaya.

Coenzima Q-10: Es un nutriente que contiene nuestra piel rico en antioxidante, en cambio es muy vulnerable a las RUV, por lo que una exposición prolongada a éstas hace que se corra el riesgo de degradarse. Por ello es importante tomar alimentos que sean ricos en Q10 como el marisco, pescado, nueces o las espinacas, para aportar de nuevo la protección que nuestra piel necesita.

Resveratrol: Consiste en un polifenol que protege al organismo dado que impide que se produzca una oxidación del tejido celular, al tiempo que nos protege de los radicales libres y evita que surjan quemaduras solares, manchas en el tejido cutáneo o aparición de arrugas. Las uvas y moras son ricas en resveratrol.

Catequinas y polifenoles: Son sustancias que nuevamente reducen la aparición de radicales libres, con lo cual nos benefician al reducir el envejecimiento de nuestra piel y minimizando los daños producidos por las radiaciones ultravioletas al absorber parte de ellos. Podemos encontrar estas sustancias en alimentos como los melocotones, albaricoques o el té.